Vibraciones sosegadas, voces mutiladas, cuerpos monstruosos: la norma escolar que aniquila

Al exhumar los recuerdos de mi larga estadía en el espacio escolar, exploro, encuentro, revivo mi estado ausente en la presencia habilitada, establecida, obligada.
Una presencia que aniquiló todo intento de desbordar el molde escolar establecido para mi carne, mis deseos, mis sueños.
Los múltiples encorsetamientos a los que unx entrega su cuerpo en la escena escolar, crean un personaje ficticio que nada tiene que ver con la carne portadora de una voz que desafía la norma escolar.
Una norma que establece dos formas de hacerse cuerpo en la escuela: varón y mujer, y despliega una serie de dispositivos de normalización que organizan esas dos únicas posibilidades a partir de formas hegemónicas de significar género, raza, sexualidad, salud mental o física, normalidad corporal (Lucrecia Masson, 2016).
Un paso en falso o habitar la osadía de no acatar dichas organizaciones, constituye el hito que inaugura el exilio hacia la abyección.
Abyecciones traducidas en (lenguaje escolar) excepciones. La excepción: territorio superpoblado; hacinamiento de carnes que han desbordado las estructuras escolares de hacerse cuerpo:
“…Lo abyecto designa aquí precisamente aquellas zonas “invivibles”, “inhabitables” de la vida social que sin embargo, están densamente pobladas por quienes no gozan de la jerarquía de los sujetos, pero cuya condición de vivir bajo el signo de “invivible” es necesario para circunscribir la esfera de los sujetos” (Butler, 2002, p.20)
¿Dónde viaja aquello atrapado en la abyección? ¿Resiste? ¿Cómo? ¿Cómo des-narramos las prácticas escolares semiótico-materiales que narran historias que exilian, mutilan, aniquilan?
La invitación que me propongo hacer en este escrito, constituye una primera aproximación exploratoria a los recuerdos, palabras, voces, escritos sobre la escena escolar, encarnados en un cuerpo, mi cuerpo.
Hablares, escritos, miradas enredadas en ausencias mudas e invisibles que materializan su voz, su letra, su foco en una lengua que desobedece la historia de las palabras. Un cuerpo que se descarna en la proyección de combinaciones fonéticas, léxicas y sintácticas injuriosas, intentando construir un relato que capte los lugares inhabitables de la escena escolar.
No pretendo con este relato, ser vocera de otrxs, pues todo intento de amplificación, traducción, representación de las experiencias de otrxs constituye el sosiego de sus vibraciones, la mutilación de sus voces, la amputación de sus cuerpos. En palabras de Paul B. Preciado (2013):
“El objetivo ya no es “salvar a los prisioneros” o “dar voz a los habitantes de los barrios periféricos” hablando por ellos, sino “crear las condiciones de la enunciación” a través de las cuales “los prisioneros”, “las asociaciones de vecinos” o “los homosexuales” puedan producir un saber sobre sí mismos, reapropiándose de las tecnologías de poder que constituyen como abyectos” (p.44)
Desde un relato propio, desde un saber situado, comparto esta exhumación de recuerdos con intenciones de visibilización, que generen, promuevan un quiebre en el cómo se escribe, piensa, narra el cotidiano, la escena escolar. En este sentido, siguiendo a Val Flores (2009):
“Habitamos culturas situadas, cuyos límites no podemos dejar de interrogar, atravesadas como están por múltiples relaciones de poder. La localización nos permite entender de qué modo ciertos cuerpos, ciertas relaciones y ciertos deseos en esos contextos concretos pasan a ser más o menos vulnerables que otros…La localización, como una herramienta cognitiva, psicológica y política, no significa estrechez de miras o localismo, sino especificidad y encarnación consecuente”
(p. 1)
El desprecio embalsamado en los regaños e ignorancias, fue moldeando un cuerpo retraído. Un cuerpo interesado por una lengua, expresión, juegos inapropiados para las características que asumían mi vestuario, peinado, tono de voz.
El embalsamiento apareció para silenciarme, aquietarme y redirigirme en la dirección “correcta”.
La construcción de “la alumna”, es un estado que se funda en la narración des-habitada del propio cuerpo. La llegada siempre es el punto de partida, escondida en las estrategias persuasivas del proceso.
La curiosidad, la incertidumbre, la incomodidad son estados que una debe acallar. Si te atreves a desafiar el orden de lo posiblemente nombrado para ese cuerpo en movimiento, sométete a las directrices correccionales del cuerpo “ya construido”, con experiencia experta, “adulto”. “El niño” es considerado/a como un cuerpo que no tiene derecho a gobernar, un artefacto biopolítico que permite normalizar al adulto. (Preciado, 2013).
Los embalsamientos y mutilaciones se intensifican cuando un cuerpo osa revelarse, y suman a su repertorio estrategias de convencimiento.
Estas y muchas otras prácticas, hicieron que la necesidad de ser escuchada desde mi propia voz empezara a desaparecer cuando mis vibraciones fueron mutiladas por los órganos de fonación, en un proceso reiterativo de normalización que potenciaba la amputación de efectos sonoros no esperados. Esto ocasionó en un principio disfonía expresiva, terminando en una afonía enunciativa.
El asedio rutinario de una norma que exige la materialización de la carne en un cuerpo impuesto, provocó el sosiego de mis vibraciones y mutilación de los efectos indeseados, produciendo una voz foránea.
Las vibraciones y voces encarnadas en un cuerpo monstruoso intensificaron el agravio.
Algo es monstruoso en tanto muestra aquello que no debe advertirse:
“Mostrar lo monstruoso es desocultar aquello que en una cultura debe permanecer invisible” (Fernández, 2013, p. 25)
¿Qué desmesuras producían mis palabras, deseos, juegos, vestimenta para confinarme a tal territorio? ¿Qué teatralizaciones debí haber encarnado para no ser atravesada por la mirada hiriente del desprecio? ¿Qué significados debí haber des-aprendido, ignorado para llenar los significantes de lo correcto, normal?
Los cuerpos que no importan habitan el espacio de lo insignificativamente educacional, circulan por los imposibles de la organización, materializados en casos aislados, requirentes de seguimiento personalizado. Se transforman en eso a perseguir, acompañar, vigilar, secuestrar.
Los cuerpos monstruosos, abyectos, inapropiados, ininteligibles son lanzados al silencio caníbal, a partir de la invisibilización en la indumentaria, artículos, manuales, películas escolares.
La norma escolar aniquila a través de las palabras, de las miradas, del roce, de los juegos, del insulto. Se configura una plataforma dinamitada, donde existen solo dos posibles caminos a ser recorridos, plagados de encorsetamientos de la carne.
No obstante, el aniquilamiento en la presencia, provocó una resistencia desde la ausencia. Desde los no-lugares superpoblados por los excesos se narraba una historia paralela que des-narraba el relato escolar cartografiado en el cuerpo, en mi cuerpo. Desandar el camino de la injuria constituye un primer paso para comprender cómo el discurso agravia los cuerpos y cómo ciertos agravios colocan a ciertos cuerpos en los límites de las ontologías accesibles, de los esquemas de inteligibilidad disponibles. (Butler, 2002)
Necesitamos de-construir estas prácticas, para encontrarnos y conocernos desde lugares jamás explorados, habitando las preguntas como motores para el movimiento y diálogo con otrxs explorando la incomodidad de la inexpertez del conocimiento, incompletud de la experiencia, la infinita posibilidad de los cuerpos.
Invitarnos a desnarrarnos para narrarnos desde la imposibilidad de limitar lo posible.
Entonces, ¿cómo hacer de la artificialidad escolar el espejo roto, desde el cual, a partir de sus innumerables pedazos resurja una institución que habilite, haga lugar a las múltiples narrativas de los infinitos cuerpos que la habitan? ¿Cómo potenciar la variedad de puntos de partida para enunciar las palabras? ¿Cómo no subsumirnos en la mascarada asfixiante pregonada por los rituales escolares que inhabilitan el encuentro real con lxs otrxs – unxs? ¿Cómo hacer de las vibraciones, voces y cuerpos en la escena escolar un espacio de agencia?

Referencias bibliográficas
Butler, J. [1993] (2002) Cuerpos que importan, Buenos Aires, Paidós.
Fernández, A. M. (2013). El orden sexual moderno: ¿la diferencia desquiciada?. En: Fernández, A. M. y Siqueira Peres, W. (Comps). La diferencia desquiciada. Géneros y diversidades sexuales. Buenos Aires, Editorial Biblos.
Flores, V. (2009). Prácticas ficcionales para una política bastarda. La tecno-lesbiana
Masson, L. (2016). El cuerpo como espacio de disidencia. En: Contrera L. y Cuello N. (Comps). Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne. Buenos Aires, Editorial Madreselva.
Preciado, P. [2000] (2013) Terror Anal. España, Melusina.