ENTREVISTA
Poéticas de lo documental y de lo fantástico

Sección Entrevistas / por Paula Marini y Maria Paula Pierella
Poéticas de lo documental y de lo fantástico
Andrés Nicolás es un joven cineasta de la ciudad de Rosario. La relación entre la infancia en situación de vulnerabilidad y los medios audiovisuales ocupan un lugar central entre sus inquietudes e intervenciones, desde una perspectiva en la que pensamiento y acción van de la mano. En esta entrevista, realizada por Paula Marini y María Paula Pierella, nos acercamos a algunas de las cuestiones que está pensando y llevando a cabo en el presente.

– Mi primera experiencia como docente de cine para niños fue dentro del proyecto “La fábrica de sueños” para el Centro Audiovisual Rosario. Fueron una serie de talleres de realización audiovisual que coordiné en distintos barrios de la ciudad. Este proyecto se desarrolló entre los años 2004 y 2008, donde se trabajaba específicamente el lenguaje del cine y se realizaban cortometrajes con los chicos. Siempre con niños en situación de vulnerabilidad. Los primeros talleres fueron en los Distritos Oeste y Sur, y luego se sumaron lugares como por ejemplo el Bodegón cultural “La casa de Pocho” de barrio Ludueña. En los talleres se introducía a los chicos en el universo del lenguaje audiovisual trabajando en la producción de cortometrajes de ficción, siempre pensando al lenguaje audiovisual como objeto de conocimiento. Apuntamos a lo fantástico, pensando que a los chicos les gusta hacer de superhéroes o de zombies y no de pobres. Siempre trabajando en estos contextos y tratando de apropiarnos también de alguna historia del lugar…Por ahí salía alguna peli de superhéroes pero también salía alguna de, por ejemplo el lobizón, que es una historia que los abuelos del chaco le contaban a los pibes. Y bueno, aparecen todas esas historias que los chicos te van contando y pudimos aprovechar…

-Claro, como parte de una transmisión… ¿Por qué te gustó pensar esta relación entre cine e infancia?

– Empecé a estudiar guión en el año 2000. Previamente tuve un paso por la Facultad de Humanidades, en Antropología y trabajé en algunos organismos de derechos humanos en los cuales habíamos pensado algunos dispositivos para la infancia, como la revista Ángel de lata y unos talleres de expresión en el IRAR. Entonces antes de estudiar cine ya tenía una experiencia de trabajo con niños y jóvenes. Cuando comienzo a estudiar cine, uno de los primeros trabajos prácticos que realicé para una materia fue un cortometraje que se llamó Empujando el carro que tuvo mucha repercusión, tuvimos la suerte de ganar premios nacionales e internacionales. Fue un cortometraje que hicimos con pibes de República de la Sexta y de Ludueña que yo conocía desde muy chiquitos de esa experiencia previa con los organismos de derechos humanos….Y tuvo realmente mucho éxito y fue muy fuerte. Recuerdo que fue un rodaje muy complicado porque éramos inexpertos. Siempre te dicen “no hay que filmar con niños ni con animales”; nosotros hicimos siempre todo lo contrario. Fue realmente muy complicado, con muchos imprevistos. Uno de los chicos era muy problemático. Incluso al corto le faltan las últimas escenas porque el pibe no quería filmar más y tuve que pensar en otro final. Y eso te hace reflexionar mucho, es muy cruel en ese sentido el cine, porque los pibes participan de una película y de un momento para el otro todo se termina, el proceso se corta. Nosotros seguimos en contacto con los chicos, incluso el estreno fue en el Festival latinoamericano de Video, acá en Rosario, y los chicos fueron a recibir el premio al mejor video rosarino. Y esto me hizo reflexionar mucho sobre lo bueno que estaba que los chicos participen de la experiencia de hacer una película, pero también pensaba en esta crueldad de filmar un corto con pibes y luego no aparecer nunca más. Entonces empecé a pensar en la posibilidad de armar un taller de cine con niños, convencido de que era una herramienta poderosa para trabajar con ellos. Fui con una carpetita a la Secretaría de Cultura de la Municipalidad, en ese momento estaba de Sub secretario Juan Gianni, hablé con él y a los pocos días me llamó el que hoy es Secretario de Cultura, Horacio Ríos, y empecé a trabajar en el Centro Audiovisual Rosario (CAR)…en el proyecto “La fábrica de sueños”. En el 2008 me convocan del Programa Ceroveinticinco para armar una escuela junto a Federico Tinivella que estaba coordinando unos talleres de fotografía. Ahí se crea la Escuela de Experimentación en Cine y Fotografía, de la que soy el Coordinador.

-¿Qué están pensando o haciendo ahora?

-Hay dos cuestiones: una que tiene que ver con el contexto de vulnerabilidad y otra con el lenguaje. Podríamos decir que tenemos dos objetivos generales: uno en relación al lenguaje: crear espacios de educación en torno al lenguaje audiovisual y otro que tiene que ver con participar de procesos de inclusión social. Decidimos aprovechar la infraestructura social del municipio y empezamos a trabajar en lo que eran los antiguos Centros Crecer, que hoy se llaman Centros de Convivencia Barrial, y en algunos centros de salud…intentando articular con lugares donde hay equipos interdisciplinarios. Veíamos que era necesario trabajar con otras secretarías y no caer como paracaidistas. Entonces el profesor puede trabajar junto a los educadores de estos espacios que participan también del proceso…Y eso para nosotros es muy importante, porque deja de ser un profesor que da un taller, se va y vuelve a la semana para ser un profesor con mayor contacto con los alumnos.

-¿Cuántos son los chicos que asisten a los talleres?

-En este momento tenemos doscientos chicos distribuidos en quince talleres. La gran mayoría son niños de entre 8 y 12 años. Algunos tienen entre 13 a 18 años que es una edad que nos cuesta convocar.
Y con respecto al lenguaje, en lo que refiere al cine, a partir de una reflexión constante de lo que implica hacer películas con niños y jóvenes, fuimos haciendo un, no se si llamarlo viraje, pero empezamos a pensar en la posibilidad de trabajar el lenguaje televisivo, más que el cinematográfico. Porque nuestra preocupación es cómo hacer para que los pibes puedan participar más, y llegamos a la conclusión de que el lenguaje televisivo es mas interesante en ese sentido. El cine implica disciplina y una narrativa más compleja. Hacer televisión implica narrativas menos complejas y tiempos de producción breves. Este lenguaje permite que los niños estén permanentemente produciendo.
En este sentido, un paso muy importante fue haber creado un dispositivo que llamamos DE CARTON TV. Decartón tv es muchas cosas. Por un lado es una página web, un canal de televisión online donde subimos el material creado por los chicos, por otro lado es un dispositivo pedagógico porque es lo que estructura el contenido de las clases donde se producen materiales audiovisuales constantemente. Los chicos crean un canal prácticamente jugando a hacer televisión. Actualmente estamos proyectando hacer una serie de micros de seis minutos para la televisión o para la web.
Otro salto importante para que los chicos participen más en la producción fue la decisión de no trabajar con efectos digitales. De esta manera los pibes hacen todo: si se necesita hacer un efecto de rayo láser, lo hacen los pibes con cartón, si hay que hacer un título lo escriben en un cartón y lo ponen delante de la cámara; si hay que hacer un efecto de blanco y negro se coloca un filtro delante de la cámara. Fue una obstrucción que potenció el trabajo creativo de los chicos.
Además de todo esto trabajamos con el lenguaje, fotográfico. Por eso hicimos una división que para mí es muy interesante que fue la de trabajar una poética de lo documental con la fotografía y una poética de lo fantástico con lo audiovisual.
Otro dispositivo que creamos es Destellos una publicación gráfica anual con una selección de fotografías de los alumnos que también nos permite estructurar el trabajo pedagógico. Nos interesa más trabajar a partir de la mirada que el hecho de que el niño aprenda a exponer una fotografía. Estos dos dispositivos: Destellos y De cartón TV ordenan todo el trabajo, a partir de plantearles a los chicos un conjunto de actividades para producir imágenes.

– Como una cosa más vivenciada…

-Sí, aprender a partir de la experiencia…

– Pensaba que mas allá de que los chicos no tengan en su casa internet o cámara de fotos, pertenecen a una generación en la que las imágenes ocupan un lugar muy importante…Y pensaba en estos proyectos como espacios que tienden a educar la mirada, pero también enseñar a producir imágenes…Hay adultos trabajando con ellos sobre estas cuestiones…

– Sí, por ejemplo uno de los trabajos que hicimos este año, planteado por Germán Aponosovich que coordina el área de fotografía, fue pensado a partir de las selfies, como un trabajo de autorrepresentación…Todos los alumnos de la escuela, van a salir en el libro Destellos con su autofoto para presentarse, acompañado por un texto escrito por ellos mismos. Entonces ya no es esa selfie subida a Facebook que se pierde entre otras trescientas mil. Nos contaba una persona que trabaja en un área de la Municipalidad que fue a una actividad, y le preguntó a un chico cómo se llamaba y éste no le contestó. Al rato vuelve el chico con un libro de Destellos, lo abre, le muestra una foto y le dice “este soy yo”. Muy groso. Ese mismo pibe camina todos los días por su barrio y al salir a fotografiarlo aparece su mirada, se da un proceso de reflexión, de recorte.

-Claro, como un extrañamiento…

-Además más allá de lo que decíamos, hay que pensar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran muchos de estos jóvenes, y esto de educar la mirada, ayuda a pensar ese barrio, los sucesos que ocurren cotidianamente, cómo son leídos por los medios en general…y pensar que se puedan construir otros tipos de miradas, qué ellos puedan pensarse desde otros lugares, imaginarse que pueden ser súper héroes o zombies…sacarlos de un estereotipo.

-Nosotros muchas veces nos sentimos derrotados, porque queremos hacer producciones fantásticas para DeCartontv, para que los pibes se puedan pensar de otra manera y se presentan situaciones particulares como por ejemplo que dos pibes se agarran a las trompadas. Entonces se terminó, se para la filmación. Se reflexiona sobre lo que pasó y se vuelve a intentar pero vuelven a aparecer problemas. Son contextos donde nos cuesta mucho terminar con un audiovisual. Hay un taller donde históricamente nos costó, donde se dan muchas situaciones de este tipo pero los chicos están todos los viernes esperando que llegue el docente para ir a sacar fotos por el barrio. Evidentemente el interés de ellos es sacar fotos y eso para mí se puede leer como un interés por mostrar el barrio y su vida desde otro lugar.

-¿Cómo hacen el trabajo de coordinación? ¿Hacen reuniones semanales con los coordinadores de los talleres, como para ver qué necesita cada uno?

-En las reuniones establecemos las prioridades y los recursos didácticos. Tratamos de desarrollar dispositivos y planteamos un conjunto de actividades. Por ejemplo, nos proponemos que cada grupo pueda armar un micro de 6 minutos para DeCartónTv. Entonces nos preguntamos, ¿qué hay que hacer para llegar a eso? Cada grupo tiene que armar la presentación gráfica del canal, un noticiero, el tráiler de una película, una serie de superhéroes o de monstruos, publicidades, etc.. Todo esto a partir de ejercicios. Por ejemplo hacemos una serie de falsos documentales “Un día como hoy…” donde partimos de un hecho histórico y le cambiamos algún elemento que le cambia el sentido. Tomamos el mundial de México 86 y Argentina sale campeón mundial de bolitas. Cambiamos el deporte y queda un documental paródico. En el caso de Destellos, nuestra mayor preocupación es ampliar la participación de los chicos al armado del libro. Decidimos darle a cada grupo unas 14 páginas. Entonces en su taller van a pegar 14 afiches en las paredes que representan las páginas del libro y las van a ir llenando con sus fotografías a partir de consignas generadas por los profes junto el coordinador del área de fotografía. Con Decartón tv y destellos logramos unificar criterios.

– Queríamos volver un poco, a algo que te escuché decir, que estudiaste antropología…

-Sí, es un pasado muy pasado, lejano. Otra vida (risas).

-Vos lo contaste, dijiste que estudiando antropología, te llevó a algún tipo de militancia en los barrios, a la relación con tu trabajo

-Siempre me había atraído mucho el cine. Me acuerdo que vi una invitación, un anuncio de taller de guión, era una época donde miraba mucho cine, muchísimo y dije bueno voy a probar. Y una vez que comencé con ese taller, me di cuenta que me interesaba realmente la escritura, y de la escritura, por qué no empezar cine. Nunca me había imaginado antes de los 25 años que podía ser realizador, nunca se me había cruzado por la cabeza, y después fue un proceso rápido, en ese sentido, porque empecé a estudiar cine, hice un corto, empecé a trabajar con el equipo de trabajo de Gustavo Postiglione en algunas de sus películas. Empecé a vivir de eso rápidamente…Empecé a estudiar en el 2001 y en el 2004 ya estaba al frente de La fábrica de sueños.

-Y actualmente, ¿estás dando clases en la escuela de cine?

-Soy docente de la escuela de cine de Santa Fe, doy Guión II y III, desde hace cinco años.

-Contanos un poco de esta experiencia cómo docente en la escuela de cine…

-Y es otro mundo…

-¿En escuelas primarias también trabajaste, no?

-Eso fue un taller que se daba de forma privada, también hicimos un intento de armar una escuela de cine en Villa Gobernador Gálvez que duró sólo un año. Fue alucinante el trabajo que se hizo en ese tiempo, pero que después decidieron discontinuar… risas… por cuestiones presupuestarias. Se llamó “Mundito cine”, fue alucinante, porque en Gálvez no había nada, éramos cinco locos allí y de repente teníamos 200 pibes. Eso fue en el año 2008…
Y con respecto a la docencia de guión en la escuela de cine me gusta mucho, me conecta con lo que me llevó a estudiar cine. Estar coordinando proyectos relacionados con la infancia desde hace mucho tiempo, proyectos grandes, hace que mi carrera como realizador esté relegada, así y todo me las rebusqué, para seguir produciendo. Mi trabajo en la escuela de cine de Santa Fe me conecta con la escritura y con la docencia para adultos y me encuentro muy a gusto en ese rol.