TERRITORIOS DE LA INFANCIA
Un niño y un globo. Notas a pie de página.

Sección Territorios de la infancia / por Patricia Redondo
Un niño y un globo. Notas a pie de página
Las hojas en blanco inquietan al que intenta rasgar con su escritura la materialidad de la palabra… En mi mesa de trabajo, se suman las anotaciones que con frecuencia se redactarían como notas al pie de página. Hoy, les propongo una lectura posible sobre algunos tópicos referidos a la infancia en clave de notas de trabajo, en borrador.
Las notas a pie de página, son- nos dicen los manuales de estilo- aclaraciones, anotaciones escritas por el autor, compilador, editor, traductor escritas en el margen inferior, es decir una aclaración para ampliar o completar una idea del texto. Las notas de píe de página se indican en el texto con asterisco (*). En caso de presentarse más de una nota en la misma página cada una se distingue con uno o dos o más asteriscos. Su señalización no es consecutiva a través del documento sino por página.

Me sedujo la idea, de escribir sobre las anotaciones, de notas al margen inferior de cada página, donde se presenta una señal, un asterisco; agrego, una luz que se distingue. Seguramente, ustedes lectores tendrán muchas notas al margen en cuadernos, libros, papeles de trabajo e, incluso, infinidad de anotaciones no escritas.

Nombrar la infancia
En primer lugar, al hablar, nombrar, pensar en la infancia, nombramos el terreno de la condición humana. Condición, que planteada desde el pensamiento arendtiano es presentada como nacimiento, novedad, enigma. Como punto de partida, la infancia desde esta concepción radical del nacimiento me convoca a buscar en el estante de mi biblioteca para reencontrarme o encontrarme/nos con un libro clásico de Hannah Arendt, “La condición humana”, publicado en 1956.
Un enunciado emerge casi contundente, nombrar la infancia implica nombrar la condición humana. Pensada la cuestión de la infancia desde esta condición, sólo hay infancia cuando existe la posibilidad de lo humano. Allí donde esa condición no se materializa, desde el punto de vista que desplegamos en estas páginas, no hay infancia. Sólo restos; restos discursivos, retóricas vacías o vaciadas, agujereadas, perforadas de todo sentido político imprescindible para reconocer a “los nuevos”.
La filósofa, propone que la diferencia propia y específica de la condición humana remite al hecho de la natalidad, es decir a “la capacidad de los hombres, para empezar algo nuevo, para añadir algo propio al mundo”. Enfatizo, “añadir algo propio al mundo”
Anoto a pie de página y comparto: “los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso si no para comenzar” Al mundo le es consustancial la novedad. Tiene el anhelo, si no de lo absolutamente otro, por lo menos de lo modestamente otro, de lo posiblemente otro. De lo humanamente otro” (Arendt, 2007).
Actuar nos dice la filósofa, es comenzar, tomar una iniciativa, los nuevos son principiantes y recién llegados que por virtud del nacimiento se aprestan a la acción, no es el comienzo del mundo sino de alguien. Con ese comienzo el principio del comienzo entra en el mundo…Y, aquí me detengo.
Si la infancia es lo nuevo, si los que llegan son los principiantes, e ingresan cada vez a la humanidad el principio del comienzo, ¿Es posible imaginar algo nuevo cada vez para acompañar a los que llegan a estar en el mundo? Sí, me respondo, de eso se trata la pedagogía y la educación. Es decir acompañar, no infantilizar a los nuevos, a los principiantes, pienso…
Si bien hoy como ya ha sido planteado se refuerza la idea de un niño tirano, el niño Rey, voraz, en contraposición a un niño descartable, indeseable que de ser el que mendiga en las calles, o se acerca a las mesas en los restaurants o vende flores, se ha convertido en un niño peligroso, descartable al que se lo invisibiliza o tolera su eliminación.
Merieu, en su última conferencia en nuestro país, señaló con singular lucidez, como también desde la pedagogía hemos hecho nuestro trabajo con los niños; pero la sociedad les dice: “Haré tu capricho, dime lo que quieres y lo haré” Nos encontramos frente a una sociedad global que transformó a la niñez en parte del mercado. Y, sugiere que la pedagogía tiene que ser resistente a la infantilización sistemática de la infancia, resistente al niño Rey, a que se reduzca a la compulsión a la inmediatez del consumo y apostar al deseo y al sujeto.
Nota al pie. Ver, El amor por el saber…es el deseo por un saber que les permita añadir algo propio al mundo…

Dolores que deshumanizan
Una segunda cuestión refiere a los avances en la jurisprudencia desde la Convención en adelante que es parte de la Constitución y que en este año cumple 25 años, La Ley de Protección Integral, por citar dos presentan un escenario privilegiado en el caso de la Argentina, ello presenta un discurso de la protección y del derecho ya instalado en nuestro país.
Sin embargo, ese discurso asume con frecuencia un rostro bifronte, ya que se amplifica en múltiples ámbitos pero convive en la vida con situaciones inadmisibles de violencia, como por ejemplo, el persistente traumatismo de niños y niñas hasta cuatro años en las cárceles con sus madres. O, el retorno virulento de muertes evitables, como la de Kevin de ocho/nueve años del barrio Zavaleta que la revista la Garganta Poderosa le dedica un número. O, en Rosario, donde la suma ya lleva más de doscientos en lo que va del año, entre otras. Sólo por dar algunos ejemplos.
Entonces, ¿De qué se trata? Podemos hallar pistas para pensar, en los textos de Giorgio Agamben en su libro Estado de Excepción, cuando ubica la excepción como aquello que no puede tener forma legal pero es incluido en la legalidad, como un tema que es una excepción y se torna paisaje cotidiano aunque invisible. Lo paradojal y preocupante nos plantea el autor es que vivimos aunque pase desapercibido para la mayoría de los ciudadanos en una “guerra civil legal”, aquí se articula el estado de excepción con el de la biopolítica.
La teoría de la excepción, es la clave para iluminar la relación que “liga y al mismo tiempo abandona, al viviente en manos del derecho”. La situación de los niños y niñas en cárceles o en situaciones traumáticas –anoto, en el margen inferior de la página de mi cuaderno – nombra a la sociedad argentina como productora (seguramente no es acertado el término), responsable en términos públicos de una nueva cartografía de confinamientos infantiles o de territorios liberados de todo derecho.
Y, agrego aquí, una nueva anotación al pie: los confinamientos expresan en sus puntos extremos la configuración de experiencias infantiles opuestas incluso antagónicas. Los niños y niñas de clases altas confinados en countries y barrios privados custodiados por fuerzas de seguridad y niños y niñas de clases muy bajas confinados a barriadas sin condiciones básicas de vida resueltas aún, o en cárceles, casi como el eslabón más frágil custodiados también por fuerzas de seguridad.
Confinar: etimológicamente significa: pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente en libertad, en un lugar distinto al de su domicilio.
En una sociedad que pide y reclama mayor seguridad, proclama el derecho pero reclama la actuación si es necesaria en la línea de la excepción.
Nueva nota al pie: Agamben en este mismo texto, advierte sobre una tendencia activa en todas las democracias occidentales la declaración del estado de excepción está siendo sustituido por una generalización sin precedentes del paradigma de la seguridad como técnica normal de gobierno.
Y, aquí, me pregunto ¿De qué modos acotar, la brecha entre el anverso y el reverso del discurso de la protección? Y, al mismo tiempo los efectos de la desprotección. ¿Hacia dónde ir? Me interesa aquí dejar una nota al pie respecto de la relación entre lo posible y lo real. No es lo posible que exige ser realizado, sino la realidad la que exige volverse posible. Pensamiento, praxis e imaginación que desemboquen en: volver posible la vida… para toda la infancia en la Argentina sin excepciones.

Un niño y el globo
Deseo compartir imágenes que recuerdo de la película “El globo rojo”, dirigida por el cineasta Albert Lamorisse y protagonizada por su hijo que representa al personaje principal de un niño que encuentra un globo atascado en una farola del barrio de Menilmonmart, sitúa una relación de amistad entre un niño y un globo. El cineasta tematiza en el modo en que el globo acompaña al niño sin dejarse llevar, la libertad y la amistad. El globo representa a la niñez, en este caso una niñez que le escapa tanto a la iglesia como a la escuela.
Hace pocos días, en un barrio muy estigmatizado del conurbano bonaerense al cierre de una actividad lúdica con niños de una escuela compartí otra escena. Al final de la actividad, otros niños se acercan por unos cercos de más de dos metros de altura para llevarse los globos que estaban allí colgados. En ningún momento los solicitan a los adultos que se encontraban cerca. En el momento que un docente se acerca a decirles que los podían recibir sin inconvenientes sin necesidad de tomarlos por su cuenta, uno de los niños, responde: No hace falta “yo soy chorro”.
Tomó los globos y con apenas unos años cruzó el campo hacia el barrio…
La película, todo el mediometraje connota un ideal de infancia inocente que luego se enfrenta a la crueldad de otros niños. Pero la imagen más potente, la representación más fuerte que remite la película sobre la infancia es de la inocencia. Sin embargo, en la segunda escena este niño reproduce y se nombra a sí mismo del mismo modo en que los ven los otros, se nombra a sí mismo como “chorro”. De algún modo, se identifica con la marca que lo estigmatiza.
En contrapunto, las organizaciones que reclaman por derechos de niños y adolescentes usan con frecuencia la frase “ningún pibe nace chorro”. El significante chorro puede ser ubicado en una disputa discursiva.
Las imágenes y representaciones sobre la infancia, no son construcciones que circulan sólo a partir del discurso de los medios si no que constituyen identidades o polos de identificación allí, donde la deshumanización es lo que más se despliega. No es difícil imaginar estas y otras biografías anticipadas que se terminan confirmando.
La escuela como institución en los barrios populares no siempre produce una marca que altere ese destino si no que refuerza y excluye porque también ve “un chorro” antes que un niño.
Cabe interrogarse: qué motivó la acción de este supuesto niño chorro. La respuesta no es muy difícil, sólo desea los globos. No es el niño/alumno que la escuela reconoce, si él actúa de determinadas maneras otros (en el barrio) que sí está el delito organizado, no sólo. Lo pueden reconocer desde otra posición, la identidad niño chorro, en un punto lo ubica en un lugar, le da un nombre y le permite llevarse los globos, arrebatarlos sin pedir por ellos.
¿Qué infancia ve/escucha/nombra la escuela? Puede ser una pregunta en borrador para comenzar a construir el enunciado de un problema.
Me detengo aquí para señalar la urgencia de pensar la relación entre la infancia y la escuela. No, desde los marcos prolijos de la existencia de múltiples infancias o de los discursos de la diversidad y demás, por el contrario, sumergiéndose en las propias experiencias sociales de las infancias populares, como por ejemplo, a partir de esta escena que condensa una densidad discursiva que nos permite pensar la relación de la infancia y los globos en términos de políticas de justicia.
Última nota al pie: justicia como Derrida nos la sugiere, incluyendo a los que ya no están y los que aún no han llegado.



  1. SilvinaSilvina  
    April 10th, 2015
    REPLY))

  2. ¡Me encantan estos pies de páginas! y SI VOLVIERAMOS A LOS PIES DE PÁGINAS? A MIRARLOS, RODEARLOS, LEERLOS Y VOLVERLOS IMPORTANTES…en alguno escribía…¿y qué hay detrás de la INFANCIA sucediendo con los niños de carne y hueso que existen y que aguardan aun existir???

    1F