UN DICCIONARIO ANTI-COYUNTURAL
“T” de tolerar, pero no todo el tiempo

Sección Un diccionario anti-coyuntural / por Carlos Skliar
“T” de tolerar, pero no todo el tiempo
Palabra habitualmente conjugada en primera persona del singular y del plural (“yo te tolero”, “nosotros te toleramos”). Se parece a ‘soportar’ en el sentido de ‘dar soporte’, pero se confunde con ‘aguantar’, dicho con tono de fastidio. Virtud religiosa en sus orígenes, ahora transformada en gesto políticamente correcto. En medio: nombre dado a tiempos breves de tregua con el objeto de curar a los heridos y rearmarse. Ambigüedad hacia el otro: sostén breve y conmiserativo antes de la condena. Deriva por lo general hacia un pensamiento y un sentimiento de indiferencia abismal. El sujeto tolerado es mirado, siempre, de reojo y con desconfianza.

Hoy todo es tolerancia. La tolerancia es la solución a una pregunta que aún no nos hemos hecho, que todavía no entendemos, que aún no sabemos, que todavía no decimos, que aún no sentimos. Antes del amor, la tolerancia. Antes del conflicto, la tolerancia. Antes de la perturbación del otro, la tolerancia. Antes de la política, tolerancia. Después de la guerra, la tolerancia. Después de la desaparición, la tolerancia. Después de la nada, la tolerancia. Después de todo, la tolerancia. Tolerar al otro, tolerar lo otro, tolerarse a sí mismo, tolerar lo mismo. Si todo es tolerancia: ¿donde están las tormentas y los gritos? ¿Dónde la exasperación y el trueno? ¿Dónde la palabra, su desdén, su ambigüedad, su estallido? Si todo es tolerancia, ya no habrá, entonces, la caricia por la caricia sino su amargo desconsuelo; ya no habrá palabra, sino el evitar cada palabra; ya no habrá mirada, sino el eludir toda mirada, el escapar de todas las miradas.
La palabra tolerancia es esa palabra dicha antes de cada una y de todas las masacres. Se dice tolerancia y se condena a muerte a todo otro, a todo lo otro. Dejamos para después la muerte, pero la tolerancia es la antesala de la muerte. Por ello la tolerancia es esa irremediable indisposición de tener que aguantarnos, soportarnos. Y detestarnos. Sin decir una palabra. Con el alma despedazada, nos toleramos. Pero no se trata de aguantarse ni de soportarse. Ni de detestarse. Aunque ya no nos toleramos ni un segundo más en el desuso de los valores en uso. Aunque nos suicida tanta liviandad, lo que está en juego es tolerar al otro, tolerar lo otro, mientras nuestras palabras se agolpan en la boca para liberarse de tanto miedo, de tanta sobriedad, de tanto frágil equilibrio. La tolerancia, dice Cioran, es al mismo tiempo el bien y el mal supremo de esta tierra. Agrega, fatigosamente, que: “Admitir todos los puntos de vista, las creencias más dispares, las opiniones más contradictorias, presupone un estado de cansancio y esterilidad”; y concluye que: “Se llega a este milagro: los adversarios coexisten -pero precisamente porque ya no pueden serlo-; las doctrinas opuestas se reconocen méritos unas a otras, porque ninguna tiene el vigor suficiente para afirmarse”.
Tolerar, claro, apenas la exterioridad, o todo el universo, su diversidad, el fuego cruzado, la levedad, la más fantasmal de las soberbias. Pero no, por supuesto, tolerarse. Pues de hacerlo, la intolerancia será de este mundo, reinará en nuestro cuerpo, hacia nuestro cuerpo, por nuestro cuerpo. Y entre tener que tolerar pero ya no poder tolerarse: el disimulo del puñal cada vez más cerca de otros cuellos, el simulacro del puñal empuñado -cada vez más firme- en nuestras manos.
Aunque la idea de tolerancia parezca resonar en la actualidad, recordemos que a partir de los textos de Bayle y Locke -en el siglo XVII- y Voltaire -en el XVIII- la tolerancia se revistió de virtud religiosa, estoicismo moral y probidad cívica. Ya no se trataba, ni se trata ahora, de una existencia común sin dudas conflictiva sino de una pregunta por los derechos y las obligaciones, en un repertorio reglado y medroso que evita toda crisis. Si la esencia de la vida moderna consiste en aniquilar toda ambigüedad entonces la tolerancia es una máscara que se otorgan los vencedores del control social e individual. Bauman lo dice con severidad: la tolerancia consiste en decirle al otro: “tú eres detestable pero yo, siendo generoso, voy a permitir que continúes viviendo”. ¿Pero continuar viviendo cómo? Hoy la gente sigue muriendo de hambre, enfermedad, guerra y tristeza. Frente a una embarcación de africanos que nunca llega a destino: ¿Quién sino el indiferente pronunciará esa palabra? Frente al olvido, la desaparición, la tontería, la desidia, el lenguaje vacío ¿cómo no ser impacientes? Forster dice que cuánto más resuena ese discurso más se “toleran” las formas inhumanas de la vida. Savater expresa que ser tolerante no es ser débil sino lo suficientemente fuerte como para convivir sin escándalo ni sobresalto con lo diverso. Lo que acaba siendo una cruel invitación a la parsimonia y a la pérdida de sensibilidad. Además: ¿cómo no escandalizarse con la muerte, nuestra muerte? ¿Cómo no sobresaltarse frente al sufrimiento, nuestro sufrimiento? No hay modo de conciliarse a través de la tolerancia. Antiguamente, lo contrario de la guerra era la hospitalidad. Hoy la tolerancia parece ofrecer apenas un compás de espera frente a la tragedia inminente. Porque la tolerancia no supone aceptar el valor del otro sino afirmar su inferioridad, su pequeñez. Y aunque resuene un poco ‘intolerante’, cabe la pregunta: ¿No estará la tolerancia proponiéndonos una estética brutal de la indiferencia?

TOLERAR (1):
(Del lat. tolerāre). Sufrir, llevar con paciencia. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Soportar una persona u organismo ciertos alimentos, medicinas u otras sustancias.

TOLERAR (2):
“La tolerancia no se da ni se obtiene, ya que no es ni un don ni una conquista. La tolerancia es siempre una exigencia, una imposición del ganador sobre el perdedor. Tolerante es el que soporta algo a alguien, es decir, una distancia que no es mera distancia sino diferencia de altura. Desde esta posición de superioridad el tolerante se convierte automáticamente en juez. Puede denostar, desdeñar, despreciar. En resumen: puede perdonar o no. Tolerar es perdonar la vida del otro, no es más que la imposición de una muerte diferida, la gracia de una existencia que el vencedor concede” (Santiago López-Petit, Horror Vacui. La travesía en la noche del siglo’).

TOLERAR (3):
“No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando. En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte. Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor” (María Zambrano, ‘La tumba de Antígona).



  1. DianaDiana  
    August 29th, 2014
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  2. Porque la tolerancia no supone aceptar el valor del otro sino afirmar su inferioridad,su pequeñez…Brillante forma de dar voz a las palabras.

    1F

  3. Claudia LópezClaudia López  
    August 29th, 2014
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  4. Gracias! Siempre volvemos a los griegos…qué misterio

    2F

  5. EDWIN ORDOÑEZEDWIN ORDOÑEZ  
    August 29th, 2014
    REPLY))

  6. La tolerancia reconoce el misterio del otro, en tanto que estamos hechos de diferencias.

    3F

  7. Katy CisnerosKaty Cisneros  
    August 29th, 2014
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  8. Pensaba que conjugada en 3ª persona es una palabra hasta cruel; yo no quiero que “él” “me” tolere, al contrario del amor la tolerancia “deshumaniza”

    4F

  9. Katy CisnerosKaty Cisneros  
    August 30th, 2014
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  10. Pensaba que conjugada en 3º persona la palabra tolerar hasta llega a ser cruel; yo no quiero que “él” (o ella) “me” tolere. Al contrario del amor, la tolerancia deshumaniza.

    5F

  11. FranciscoFrancisco  
    October 2nd, 2014
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  12. Muy interesante. Pienso la tolerancia como una puerta abierta, que al cruzar uno se encontraría en la habitación de lo rígido, lo estático, el no-cambio como precio de la conformidad. Él no está mal, yo no estoy mal, las cosas “están bien” como están, y así, en ese toma y daca, en ese juego de la cambiadita, sin valores pero con altos precios, lo que se intercambia nunca es lo que sentimos; lo que vivimos internamente; lo que nos abre los poros de la nariz; lo que hace fruncir el ceño; lo que hace pegar saltitos a las comisuras de la boca; y porqué no, la necesidad de mostrar los dientes; y así, como decía, se produce lo que con tanta simpleza recuerdo que decía Arlt, a través de uno de sus personajes mas entrañables, el señor Erdosaín :

    “El soliloquio se aplana repentinamente. Erdosain mira a un costado y ve numerosas ratas
    grises que con el rabo a ras del suelo corren a esconderse bajo su piel. Y no abultan. No tocan
    su sensibilidad.
    —¿O es la muerte, que viene despacio, apacigua el alma y la aplasta despacio sobre la
    tierra, para que se vaya acostumbrando a una definitiva horizontalidad? “

    6F